Vivir sin sentir sería un sin sentido

"Sé el cambio que quieres ver en el mundo"


Pequeñas pinceladas literarias de rápido consumo


miércoles, 30 de octubre de 2013

No me hago responsable de lo que escriba

Lo extraño es como puedo contarle todo lo que pienso a unas teclas y a una pantalla brillante y parpadeante que nada tiene de comprensiva. Es una barrera, contra todo pronóstico, contra toda fuerza de reacción, que ignora el resto de condiciones. O quiero creer que las ignora, en vez de que las sabe pero no le importa. Las causas y las consecuencias no tienen relevancia en ese momento. Las palabras llegan a mis labios. Abro estos, inspiro, me hago tranquilizar mientras me recuerdo que he echo cosas imperiosamente más complejas y...nada. No puedo. Ojos inquisitivos me observan, esperando una respuesta conciliadora, una revelación insólita... pero solo encuentran el vacío de una tela negra impidiéndome el habla, y las palabras aturulladas y atrapadas en mis resignadas y desesperadas pupilas.
Pero luego llego aquí, porque algo en mi interior me dice que tengo que entrar, una fuerza extrañamente atractiva, creo que en el lenguaje común la llaman intuición; y explico todo esto sin ningún tipo de lógica y preparación, tan natural y espontáneo como una sonrisa humilde o una lágrima traviesa recorriendo mejillas sonrojadas. Y si hay algo más inverosímil e inútil es que no estoy diciendo nada en absoluto, pero siento como si derrochara todo lo que llevo en mis venas azul cianuro.
No, claro que no es suficiente. Sí, claro que me gusta la vida. No, no sé como solucionarlo. Y sí, amo y odio todo como al diablo más bello existente.
Parece que tengo un don para conocerlo todo, pero de nada sirve con una nula creatividad para encontrar respuestas. Definitivamente; apatía, exigencia, y palabras protegidas y escondidas en un manto de inseguridad y desconfianza infundada no son una buena combinación.

jueves, 24 de octubre de 2013

Don't forget

Esa parte que te falta, que añoras y que anhelas sin saber exactamente qué es; ese vacío trascendental que te hace tan irremediablemente desdichada, no es más que falta de compresión. Si nos sentimos completos con una persona es en parte porque nos entiende como alguien nunca podrá entenderse a si mismo. Comprende esas partes que él no puede alcanzar, y a la vez sabe que esa persona nunca entenderá algunas partes que sólo la propia persona puede llegar a conocer. Es un enlace perfecto, todo queda al descubierto, ya sea por una persona u otra. Porque al fin y al cabo, necesitamos tenerlo todo bajo control, ¿no?, es lo que nos gusta de las cosas impredecibles, que nos cuesta comprenderlas y eso supone una dificultad, además de frustración; pero al fin y al cabo, todo se basa en lo mismo, en conseguir manejar todo lo que se nos esté permitido. Just try not to forget it once again.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Mediocridad

Y camina hacia la adversidad una oscuridad incandescente y apresadora,
tan cegadora y opresora que resulta infinita y absoluta.
Y camina hacia la muerte la luz moribunda,
meciéndose entre ráfagas de una profunda inexistencia,
ante la más poderosa y cruel de las eminencias,
la imperturbable indiferencia.
El punto medio siempre es mediocre. No destacar sale caro.

martes, 3 de septiembre de 2013

Intocable

No se trata de la cantidad, sino de la proporción. De la complementación. La cantidad necesaria para un compuesto inmejorable, indestructible; intocable. Pragmatismo contra lo emotivo, afectivo, el desarrollo mental, el progreso. ¿En contra? ¿De que sirve una agudeza intelectual brillante si no se es capaz de actuar a favor de tus pensamientos? Los recursos literarios no son los que te salvan de la inanición; la parálisis puede curarse, tan solo hay que alimentar esos músculos magullados y atrofiados de quedarse dormidos mientras sueñan con andar. Mientras sueñan con vivir. La idea reside en la mente en forma de desiguales emociones y un placer mental que de nada sirve si no puede hacerse real. A si mismo, mover las piernas por una senda no es caminar. Es necesario hacerse con unos mapas cambiantes, unas guías que te indican los caminos que quieres y que debes seguir, la razón. Dar vueltas en círculos, actuando por el bien inmediato y siendo tan natural como la vida misma en un mundo de falsa cortesía, no trae beneficios. Y es ahí donde surge la compenetración de lo cerebral y lo experimental. Lo intelectual y lo objetivo. Incluso del optimismo y el pesimismo, siendo lo mental demasiado perfecto y armonioso y lo real demasiado pobre, solitario, triste, brutal y corto.
No se trata de quedarse adormecido mientras disfrutas del placer exquesito e irreal del arte, ni tampoco de seguir andando y luchando sin ningún tipo de motivación ni motivo si cabe. Afortunadamente, aún podemos caminar mientras nos estremecemos con alguna pieza musical, vemos algún paisaje memorable o incluso nos embelesamos con la sonrisa de una persona amada, sin que eso implique dejar de conocer el mundo que nos rodea en sus puntos altos y bajos. A esa mezcla, yo la llamo vida.

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Hoy es una de esas noches en las que mis manos cogen un lápiz y dejan fluir una constante maraña de palabras sin sentido y sin importancia, de la nada más absoluta jamás existente, de una angustia incandescente que a veces se apodera y amartillea los recovecos más insólitos de un alma nuestra que parece que no se logra encontrar a si misma. Hoy es una noche para la vigilia, los recuerdos, y para las reflexiones de una realidad impura; que nos engaña sobre su ubicación, se esconde, se pierde, me pierde. Dibuja caminos como un niño; difuminados, ininteligibles, imposibles de alcanzar. Se sale de la ralla; los une y los vuelve a separar. Y no solo eso es lo único que posee de niñez nuestra querida y frustrante realidad, pues tal alma caprichosa y engreída posee, que nos trata a expensas de sus deseos; se cansa fácilmente, borra, elimina, crea, destruye, vuelve a difuminar, rompe, dibuja. La realidad no se encuentra, no sabe quién es. Solloza amargamente, y me hace llorar.
Hoy es una de esas noches en la que toda la esencia mágica que tal vez quede en mí es derrochada, desbordada, derramada a borbotones. Extractos de mí que recorren mi cuerpo desde aquel pelo débil que se caerá pronto, hasta la planta dura de un pie que ha vivido intensamente 17 años de su vida. Y da igual cuan mágica y especial sea esa esencia, en conjunto forman un ser mediocre y olvidable. No será recordado, no deja huella, no cala hondo. Un ser que acaricia, pero no acuchilla para dejar marca. No sabe hacerlo.

miércoles, 19 de junio de 2013

Enlaces iónicos.

Una ráfaga. Ojos verdes, ocres. Me miran, penetran, arañan. Sonríen, me sonríen. Una luz; cálida, envolvente, llena la sala de surcos de labios, de sonrisas, de magia, de corazones entrelazándose, uniéndose. Son uno, juran. Se combinan, se abrazan, se complementan. Uno cede, el otro adhiere. Todo estalla de luz, felicidad, calma, estabilidad. Nada que temer, forman la red cristalina más resistente jamás vista. Escudos de corazones, espadas de esperanza.
Pero en el fondo, en lo más hondo, no supone nada. Tienes que pensarlo para percatarte de la belleza de tu situación. ¿Tienes que pensarlo? El enlace es irreal, está desgastado, debe romperse. Las almas se separan. Vuelven a estar incompletas, tal vez nunca estuvieron llenas del todo. Quizá solo esperen más. Un espíritu lo suficientemente fuerte como para matarte con solo rozarte.
Y un día taciturno, reflexionando en tu vacía cama, te acuerdas. Rememoras todos tus recuerdos perdidos. Imágenes guardadas en un baúl del que desconocías su existencia. Vuelves a saborear el sabor de la derrota, pero también el del triunfo. Recuerdas todas tus emociones. Resurgen de las cenizas. Ya nada es pasado. Ahora no existe el tiempo. Recuerdas otros amores, los que tú consideras de verdad. Fuertes, extasiantes, pasionales y egoístas. Dolorosos, crueles, obsesivos e imperdonables. Pero no suponen nada. No significan nada, no logras advertir atisbo alguno del ayer. Y entonces recuerdas el enlace. Los ojos verdes, ocres. Las miradas y las sonrisas. El estómago se revuelve, llora flojito, pero llora. Añora, anhela, desea. No es fuerte, nunca lo fue, pero al menos fue. Consiso pero real. Sigue existiendo a pesar del tiempo, y está guardado en una cajita, donde picotea, quiere salir, pero es muy pequeño. No mata, no muerde, no tiene la suficiente intensidad, pero es real.
Y entonces es cuando te preguntas, flor del desierto, cual es el amor verdadero; el que nace del fruto del deseo o el dulce y duradero.

sábado, 15 de junio de 2013

Oxidada

Angosto. Intenso. Ensordecedor. Embriagador. Frágil. Idílico. Lágrimas putrefactas escapando de la cerradura de mi anestesiado y podrido corazón. La oxidan. La debilitan. La rasgan hasta abrirla. Miles de sentimientos, sensaciones, emociones guardadas en los baúles más antiguos y olvidados vuelven a resurgir. No me atrevo a reflexionar sobre ello. Ni tan si quiera soy capaz de entrever si me gusta volver a tener llena el alma, aunque sea de "quizás", o de vanas prohibiciones. Tan solo imposibles, prados llenos de hojas en cuyo envés llevan escrito "no puede ser". Pero prados irresistibles, cómodos y óptimos para despertar el subidón de adrenalina necesario para tener una vida completa. Sin embargo, no es difícil percatarse de la realidad de aquellos bosques, todo ápice que me rodea está lleno de pequeños cristales. Trozos casi invisibles de vidrio que perduran y rompen la magia, recordándome que aquello no es para mí. ¿Por qué iba a serlo? ¿Lo merecía? ¿Desde cuando lo mediocre merece algo idóneo? Me asiento, me tumbo, me duermo. El aire acaricia mis mejillas, me impide despertarme. Puede que sea casualidad, puede que Dios me esté ayudando a que aquellos momentos de dulces mentiras prevalezcan en la medida de lo posible. Despierto. La cerradura está intacta de nuevo. La llave, en el prado. Tal vez alguien paseando la encuentre, y vuelva a abrir la cerradura. Mientras todo lo que haya dentro sea negro, opaco y vacío no hay problema, solo hay que esperar a que vuelva a cerrarla por asco, decepción, o en el peor de los casos, miedo. Me seco las lagrimas, ahora solo agua salada. La única prueba material de lo ocurrido. Proceso de congelación completado.