Vivir sin sentir sería un sin sentido

"Sé el cambio que quieres ver en el mundo"


Pequeñas pinceladas literarias de rápido consumo


domingo, 17 de noviembre de 2013

Grita

Es una caricia tan suave que casi parece irreal. Incluso incorpórea. Ideal, alejada de mi alcance. Pero es auténtica, y la siento. En mi corazón, en mis entrañas, recorriendo mi sangre y los poros de mi piel. Y lo más inverosímil es que no hay motivo, como ocurren con todo lo que acaba siendo importante. Ahora vislumbro las luces de las calle, iluminando la oscuridad y negrura que acecha en la noche, disipando el miedo irracional que se regocija en las almas que intentan descansar. Me parecen puntos de inflexión, cambios en la realidad, que necesita y requiere de movimiento de nuevo porque sigue sin poder encontrarse a si misma. Lucha y corre, dibuja rizos perfectos, y los denota de una magia y un brillo que los vuelve soportables. En cambio, sabes que todo aquello es mentira, que quién no conoce algo más que estar perdida eres tú misma, y que las embriagadoras luces solo anuncian un nuevo rumbo que debes acoger.
Eres consciente, y sabes que merece la pena.
Ahora la caricia es un grito. Un grito eléctrico que sacude todas las partes de mi cuerpo. Y me chilla que sople, que vuelva a ser ese viento que apaga el fuego y hace desaparecer la arena y los cristales incrustados en mi ilusión. Vuelve a vivir, me susurra. Y hace tiempo que no me apetecía tanto.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Doble dirección de las palabras

A mí ya me da igual que en el mundo humano solo triunfe el que sepa moverse y relacionarse. No me importa que el creador sea ignorado, ni si quiera que no se observe y que se mire sin ver. Me es irrelevante que las opciones sean escasas, que la única manera de crecer sea con agua envenenada por la injusticia y el egoísmo, y que la lluvia no limpie la negrura porque no sepamos soltar la mugre. Mi indiferencia llega hasta el individuo incomprendido y sin valor frente a una multitud que no se aclara, hasta la poesía descarrillada y rota sin soluciones, incluso hasta la cura de humildad y de autoestima que a veces, en ocasiones distintas, necesito para avanzar en el camino sin pegar demasiados saltos.
Al menos, racionalmente me da igual. Solo falta que emocionalmente tampoco me afecte.

miércoles, 30 de octubre de 2013

No me hago responsable de lo que escriba

Lo extraño es como puedo contarle todo lo que pienso a unas teclas y a una pantalla brillante y parpadeante que nada tiene de comprensiva. Es una barrera, contra todo pronóstico, contra toda fuerza de reacción, que ignora el resto de condiciones. O quiero creer que las ignora, en vez de que las sabe pero no le importa. Las causas y las consecuencias no tienen relevancia en ese momento. Las palabras llegan a mis labios. Abro estos, inspiro, me hago tranquilizar mientras me recuerdo que he echo cosas imperiosamente más complejas y...nada. No puedo. Ojos inquisitivos me observan, esperando una respuesta conciliadora, una revelación insólita... pero solo encuentran el vacío de una tela negra impidiéndome el habla, y las palabras aturulladas y atrapadas en mis resignadas y desesperadas pupilas.
Pero luego llego aquí, porque algo en mi interior me dice que tengo que entrar, una fuerza extrañamente atractiva, creo que en el lenguaje común la llaman intuición; y explico todo esto sin ningún tipo de lógica y preparación, tan natural y espontáneo como una sonrisa humilde o una lágrima traviesa recorriendo mejillas sonrojadas. Y si hay algo más inverosímil e inútil es que no estoy diciendo nada en absoluto, pero siento como si derrochara todo lo que llevo en mis venas azul cianuro.
No, claro que no es suficiente. Sí, claro que me gusta la vida. No, no sé como solucionarlo. Y sí, amo y odio todo como al diablo más bello existente.
Parece que tengo un don para conocerlo todo, pero de nada sirve con una nula creatividad para encontrar respuestas. Definitivamente; apatía, exigencia, y palabras protegidas y escondidas en un manto de inseguridad y desconfianza infundada no son una buena combinación.

jueves, 24 de octubre de 2013

Don't forget

Esa parte que te falta, que añoras y que anhelas sin saber exactamente qué es; ese vacío trascendental que te hace tan irremediablemente desdichada, no es más que falta de compresión. Si nos sentimos completos con una persona es en parte porque nos entiende como alguien nunca podrá entenderse a si mismo. Comprende esas partes que él no puede alcanzar, y a la vez sabe que esa persona nunca entenderá algunas partes que sólo la propia persona puede llegar a conocer. Es un enlace perfecto, todo queda al descubierto, ya sea por una persona u otra. Porque al fin y al cabo, necesitamos tenerlo todo bajo control, ¿no?, es lo que nos gusta de las cosas impredecibles, que nos cuesta comprenderlas y eso supone una dificultad, además de frustración; pero al fin y al cabo, todo se basa en lo mismo, en conseguir manejar todo lo que se nos esté permitido. Just try not to forget it once again.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Mediocridad

Y camina hacia la adversidad una oscuridad incandescente y apresadora,
tan cegadora y opresora que resulta infinita y absoluta.
Y camina hacia la muerte la luz moribunda,
meciéndose entre ráfagas de una profunda inexistencia,
ante la más poderosa y cruel de las eminencias,
la imperturbable indiferencia.
El punto medio siempre es mediocre. No destacar sale caro.

martes, 3 de septiembre de 2013

Intocable

No se trata de la cantidad, sino de la proporción. De la complementación. La cantidad necesaria para un compuesto inmejorable, indestructible; intocable. Pragmatismo contra lo emotivo, afectivo, el desarrollo mental, el progreso. ¿En contra? ¿De que sirve una agudeza intelectual brillante si no se es capaz de actuar a favor de tus pensamientos? Los recursos literarios no son los que te salvan de la inanición; la parálisis puede curarse, tan solo hay que alimentar esos músculos magullados y atrofiados de quedarse dormidos mientras sueñan con andar. Mientras sueñan con vivir. La idea reside en la mente en forma de desiguales emociones y un placer mental que de nada sirve si no puede hacerse real. A si mismo, mover las piernas por una senda no es caminar. Es necesario hacerse con unos mapas cambiantes, unas guías que te indican los caminos que quieres y que debes seguir, la razón. Dar vueltas en círculos, actuando por el bien inmediato y siendo tan natural como la vida misma en un mundo de falsa cortesía, no trae beneficios. Y es ahí donde surge la compenetración de lo cerebral y lo experimental. Lo intelectual y lo objetivo. Incluso del optimismo y el pesimismo, siendo lo mental demasiado perfecto y armonioso y lo real demasiado pobre, solitario, triste, brutal y corto.
No se trata de quedarse adormecido mientras disfrutas del placer exquesito e irreal del arte, ni tampoco de seguir andando y luchando sin ningún tipo de motivación ni motivo si cabe. Afortunadamente, aún podemos caminar mientras nos estremecemos con alguna pieza musical, vemos algún paisaje memorable o incluso nos embelesamos con la sonrisa de una persona amada, sin que eso implique dejar de conocer el mundo que nos rodea en sus puntos altos y bajos. A esa mezcla, yo la llamo vida.

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Hoy es una de esas noches en las que mis manos cogen un lápiz y dejan fluir una constante maraña de palabras sin sentido y sin importancia, de la nada más absoluta jamás existente, de una angustia incandescente que a veces se apodera y amartillea los recovecos más insólitos de un alma nuestra que parece que no se logra encontrar a si misma. Hoy es una noche para la vigilia, los recuerdos, y para las reflexiones de una realidad impura; que nos engaña sobre su ubicación, se esconde, se pierde, me pierde. Dibuja caminos como un niño; difuminados, ininteligibles, imposibles de alcanzar. Se sale de la ralla; los une y los vuelve a separar. Y no solo eso es lo único que posee de niñez nuestra querida y frustrante realidad, pues tal alma caprichosa y engreída posee, que nos trata a expensas de sus deseos; se cansa fácilmente, borra, elimina, crea, destruye, vuelve a difuminar, rompe, dibuja. La realidad no se encuentra, no sabe quién es. Solloza amargamente, y me hace llorar.
Hoy es una de esas noches en la que toda la esencia mágica que tal vez quede en mí es derrochada, desbordada, derramada a borbotones. Extractos de mí que recorren mi cuerpo desde aquel pelo débil que se caerá pronto, hasta la planta dura de un pie que ha vivido intensamente 17 años de su vida. Y da igual cuan mágica y especial sea esa esencia, en conjunto forman un ser mediocre y olvidable. No será recordado, no deja huella, no cala hondo. Un ser que acaricia, pero no acuchilla para dejar marca. No sabe hacerlo.