Vivir sin sentir sería un sin sentido

"Sé el cambio que quieres ver en el mundo"


Pequeñas pinceladas literarias de rápido consumo


jueves, 11 de diciembre de 2014

1,2,3...ahora, respira.

Hay días que algunos respiramos, otros buceamos en el aire, como humanos fuera del cielo. Hay días que son días, sin más, sin otra definición. Días en los que hay que morir para seguir viviendo, en los que te mutilarías para seguir apreciando al día siguiente aquellos ácidos y refrescantes matices que te impulsan. Días de invierno cálidos, nieve gélida y enredada en un mediodía de agosto. Días en los que la añoranza reina y cubre tu cúpula de cristal, en los que tus rizos limpian las lágrimas de mis recuerdos, sin comprender que ellos son la causa de tal torrente de suspiros.
Y, asombrosamente, hay días que, a pesar de que todo lo anterior se una y entrelace sus brazos en un revuelto demasiado heterogéneo; de repente consigues ver. Y miras, y todo cobra especial atención. Y el parche que cubre tus pupilas se desvanece; y tus pestañas invitan a tus ojeras a alzarse triunfantes, a permitir a tus ojos mirar. Mirarte.
Y allí se encontraba el mundo. Singular, delicado y fuerte. Bello. Tal vez inalcanzable, pero en cambio él no deja de envolverte con una sonrisa imperceptible a los sentidos. Al menos a los corpóreos (¿Quién no ha sentido que el alma se escapa entre simples palabras, que la vida se guarda y se alimenta detrás de la poesía?).
Hay días que, sencillamente, son algo más que días. O eso quiero creer.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Día de vigilia, tal vez de jazz.

Podría aclararte todas las dudas que mi semblante produce, que mi risa ronca y mis lágrimas amables hacen resurgir en tu alma. Tal vez podría contarte que todo es un poco absurdo, y que incluso la más nimia sensación de ahogo o de liberación (¡O cualquier sensación sin más!) se vuelven regocijantes ante unos pensamientos convulsos sobre ellas mismas. Porque todo es muy neutro, porque todo sigue su trance, su pedregoso curso.
El vaivén resulta curioso aún cuando no es razonable. Es en ese límite en el que el ensueño se torna en una realidad tangible y definible. Curiosa nuestra mente, ¿Cómo lo que nos otorga la capacidad para asombrarnos ante lo más sencillo puede aguardar ese profundo amargor en la lengua a hastío?
Sorpresa, ¿Dónde estarás escondida? ¿Tan difícil es abrazar sin demora al pensamiento, a la lógica?
Y al final tenía, paradójicamente, sentido. Si la vida eran instantes, ¿por qué la emoción de la razón no iba a ser, también, efímera?

lunes, 17 de noviembre de 2014

Al amor.

Y volvemos a cruzar nuestras miradas entre un gentío vacío que no escucha, y no puedo más que susurrarme que la realidad se deforma para llevarme siempre al punto en el que te encuentras. Pero te acabarás marchando, clamando una libertad que tu propio nombre rechaza; que por buscarla olvidas que tu necesidad es arropar los corazones de las almas quebradas que vagan en la tierra.

Tú, amor, sombra de lo absurdo; aquí estás otra vez, remendando mis retazos con una tela de ensueño. Y aunque haya de pagar con esos inquietos pinchazos sin pausa, con esa aguja que sutilmente bebe de mi sangre (o de mi ponzoña cuando no estás); el sentido vuelve cuando me siento arropar con tu manto de tela de araña, que tejes con ese cariño que es casi tan fuerte como efímero.

Y sería ilógico recordarte cómo se conforma tu esencia, como escapas del mundo acongojada de miedo; asustadiza y quebradiza como una mentira en la conciencia. Cómo resultas tan enérgica, cómo marcas a fuego lento para que jamás se pierda tu magia. Y es que en eso te basas, en el miedo al olvido, en el miedo al miedo, en el miedo a desaparecer, a que el recuerdo se desvanezca como una pútrida mota de polvo; pero no comprendes que eso nunca podría suceder, que mientras el mundo exista, tu espíritu viajará errante por nuestros más recónditos corazones; que vendrás, que escaparás, que lloraremos tu pérdida casi tanto como sufrimos a veces tu presencia, pero no hay una existencia válida en la que tus lágrimas no calmen la sed de nuestro desesperado interior.

Pero en el fondo sabes que no puedes ser de otra forma, que tus ágiles pasos se adhieren a tu alma sin piedad suscrita en la fría piedra de su ser. Que la condena de ser tan imponente, tan arrebatadoramente cálida y enfermizamente necesaria; es ser tan aleatoria y caótica como tu propia naturaleza (y la del mundo) lo traduce en su risa maliciosa. Y no es malo, para ello existimos los perdidos (y los locos) que sonríen a ésta nada en un burdo intento de volver a vislumbrar tu mirada. Y a veces lo conseguimos.

martes, 4 de noviembre de 2014

Enredadera

¿Sabéis esta sensación de sentir por nada en concreto, por la magia de sentir? ¿El revivir de un interior adormecido? ¿Sin razón, sin esperar nada a cambio? Un respiro, una esperanza por algo irracional, una pasión más allá de leyes metafísicas.
Y cuentan que al relajar la musculatura, una fuente insaciable de luz cosquillea tus pies, y asciende rápidamente hasta el abdomen. Juguetea, ríe, brilla. Sana heridas, nutre, drena la ponzoña. Y de repente se adhiere a tu entramado de dudas; las ordena, las elimina, les resta importancia. Y sonríes, y te la devuelve, cálida y risueña como sólo en un sueño se puede rememorar.
A veces dicen que la vida viaja a su lado, que sólo somos capaces de valorarla cuando su prominente cintura advertimos en la lejanía. A veces, dicen que simplemente la vida es su pelo, que nos enseña a volar en pos del viento; que nos obliga a olvidar su existencia para comenzar a palparla con nuestros exquisitos sentidos.

viernes, 24 de octubre de 2014

Have you danced today?

Amaba, y también comprendía. Amaba, de hecho, porque era comprendida. Y en su inmenso conjunto de miradas encendidas, de fuego abrasando y avivando la incertidumbre creciente y cegadora; ya el miedo se disipaba en las cenizas. Porque el dolor compartido se reduce, porque es lo único cuya pequeñez nos hace grandes, nos vuelve fuertes. Porque un vals no puede bailarse sin una mano que te sujete y te atraiga hacia sí.

Moving on

Eso no podía ser escribir. Escribir era mirar al cielo y ver suspiros, oler atardeceres; mientras lo plasmas con toda la emoción que se adentra en tu espíritu hambriento. Escribir era buscar comprensión; era andar entre tumultos en la acera y pedir ayuda sordamente, con un sonido único e irrepetible: el significado. Escribir es llorar y reír, es sentir que las grietas del suelo se clavan en tus zapatos por algún motivo, respirar el sentido que purifica el aire, que no es otro que el transcribir la emoción. Darle un toque de subjetividad al entorno; tintarlo de sonrisas torcidas que son alegres, de relámpagos apagados que relajan, de lágrimas ávidas de deseo, de desesperanza e ilusión fundidas. Escribir es filosofía, es criticar. Escribir es, al final, vida. Escribir es escribirte.

jueves, 9 de octubre de 2014

Instinto.

El punto de luz se desvanecía entre murmullos que no querían, que no debían ser escuchados. El fuego se consumía entre el ruido de los recuerdos golpeando la nimia esfera cristalizada que era mi hogar. Mi refugio, mi soporte, mi caballo de Troya. Mi enredadera de pana, mi licor aullante, mi puñal de rosas.
Todo queda englobado en el círculo. Se aleja por las calles, camina rápido y tenso entre el redil de colillas mutiladas, entre suspiros de mar ahogados en cascadas de lágrimas. Sus gritos eran veneno, eran la mutilación de la esperanza, el revivir del absurdo estar sin estar.
No te has marchado, aún puedo seguirte el rastro de pisadas sin destino. No has desaparecido, y ya te echo en falta.