El mundo me conoció contigo
Y ahora le miro avergonzada
Con las manos desnudas
Y los ojos vacíos
Con el cuerpo lleno de escombros
de Ceniza amarga
Y el alma en llamas
Y el recuerdo de tu rostro
En mi corazón se acongoja
Y late inevitable
Mientras me pregunto qué pecado cometí
Para no quererte cuando debía
Para no quererte como supe
Con todo el fuego febril y eterno
Que ahora esconde tu nombre
Y tu mirada en el tiempo
Vivir sin sentir sería un sin sentido
"Sé el cambio que quieres ver en el mundo"
Pequeñas pinceladas literarias de rápido consumo
miércoles, 17 de junio de 2020
martes, 24 de marzo de 2020
Soy
Soy,
o eso creo.
Soy con todo lo que ves y lo que siento;
con la culpa en la espalda,
la nariz roja del frío,
y mil miradas sinceras
que no escarmientan mientras vivo.
No me da miedo el mundo
y su terrible desesperanza,
no me apacigua el vacío
ni el desaliento;
seguiré siendo yo,
aunque todo me diga que pare,
que me rinda a la resignación
y a las cadenas.
No me da miedo que no sirva,
No me da miedo que se olvide
todo el esfuerzo;
por ser real, por la lucha
como el rayo de luz más certero.
No me da miedo ser,
me da miedo vivir y saber que no he sido
o eso creo.
Soy con todo lo que ves y lo que siento;
con la culpa en la espalda,
la nariz roja del frío,
y mil miradas sinceras
que no escarmientan mientras vivo.
No me da miedo el mundo
y su terrible desesperanza,
no me apacigua el vacío
ni el desaliento;
seguiré siendo yo,
aunque todo me diga que pare,
que me rinda a la resignación
y a las cadenas.
No me da miedo que no sirva,
No me da miedo que se olvide
todo el esfuerzo;
por ser real, por la lucha
como el rayo de luz más certero.
No me da miedo ser,
me da miedo vivir y saber que no he sido
miércoles, 24 de abril de 2019
La verdad del silencio
El silencio de las palabras
de la verdad asomando por las pupilas
el silencio que sientes
ahí pegado
el que no puedes desprender
el silencio sin palabras
que esconde más que estanterías
que no identificas
a pesar de la certeza incierta
de que la verdad se esconde en tus manos
en las recónditas y lúgubres
esquinas
de tu alma inacabada
Hoy le escribo al recuerdo
del silencio feroz que esconden las verdades
aquellas que son tan tuyas
tan internas
que las palabras no las encuentran
aquellas verdades calladas
mudas
que dejan de parecer reales
qué pánico atroz da el silencio
pues transforma la verdad en ceniza
pues transforma la arena del viento
en voz cegada
qué pequeño queda el mundo
cuando todo se reduce a palabras
de la verdad asomando por las pupilas
el silencio que sientes
ahí pegado
el que no puedes desprender
el silencio sin palabras
que esconde más que estanterías
que no identificas
a pesar de la certeza incierta
de que la verdad se esconde en tus manos
en las recónditas y lúgubres
esquinas
de tu alma inacabada
Hoy le escribo al recuerdo
del silencio feroz que esconden las verdades
aquellas que son tan tuyas
tan internas
que las palabras no las encuentran
aquellas verdades calladas
mudas
que dejan de parecer reales
qué pánico atroz da el silencio
pues transforma la verdad en ceniza
pues transforma la arena del viento
en voz cegada
qué pequeño queda el mundo
cuando todo se reduce a palabras
miércoles, 16 de enero de 2019
pérdida
Un sonido inerte
un esbozo de un recuerdo
permanente
grisáceo y esbelto
Un cristal roto de rabia
algo negro y nauseabundo detrás
de tus miradas
lo ocultan tus palabras
y las sombras de tus dedos
entrecruzarse entre caminos
volver atrás y repetir
por no tener objetivo
y no buscarlo
beber veneno de tus labios
ahuyentar la luz, el vals
hacerlo todo
con la temible, apaciguada pero perenne sensación
de que algo va mal
y solo en tu interior
Sólo sé que he vivido en el profundo engaño
de que la pérdida siempre es externa
ajena pero envolvente, nos abraza con garras
mientras aviva la memoria
pero la verdadera y dolorosa pérdida empieza en ti
y termina en la misma palabra
un esbozo de un recuerdo
permanente
grisáceo y esbelto
Un cristal roto de rabia
algo negro y nauseabundo detrás
de tus miradas
lo ocultan tus palabras
y las sombras de tus dedos
entrecruzarse entre caminos
volver atrás y repetir
por no tener objetivo
y no buscarlo
beber veneno de tus labios
ahuyentar la luz, el vals
hacerlo todo
con la temible, apaciguada pero perenne sensación
de que algo va mal
y solo en tu interior
Sólo sé que he vivido en el profundo engaño
de que la pérdida siempre es externa
ajena pero envolvente, nos abraza con garras
mientras aviva la memoria
pero la verdadera y dolorosa pérdida empieza en ti
y termina en la misma palabra
sábado, 3 de noviembre de 2018
Desesperanza
Me apena este desapego. Esta sensación de que la cordura y la decepción viajan de la mano pise donde pise, y vaya donde vaya.
Veo momentos de crueldad pasando entre nuestros ojos. Caminando entre nosotros los viandantes, ignorados por una multitud gris y amarga. Son como ese aliento frío y punzante que se encuentra en la culpabilidad, y en la muerte prematura que el médico no puede revertir. En el desaliento de lo que no pudo ser.
Ahí están, los veo.
Recuerdos, miradas, lágrimas... corren tras nuestra como un alma hueca y herrumbrosa que con astucia intentamos olvidar, aunque enlentece nuestros sentimientos, los viola y los hiela.
Siento el hueco en las palabras, siento el miedo en los hechos. Miedo a dejar de reaccionar a la injusticia, y miedo por dejar que la misma nos inunde y no sepamos cómo deshacernos de ella.
Nos hemos acostumbrado a ese vacío de la apatía y el inmovilismo empático. Nos movemos erráticos y con pesadumbre, por más que intentemos llenar de vitalidad nuestros pasos. Pero la carga detrás es más grande que la autocompasión y la mentira. Siempre lo fue.
Nos miro y sólo veo una profunda tristeza autoafligida para acabar con la tristeza exterior. Nos llevamos un peso mayor, una piedra de Sísifo más grande, por tratar de, paradójicamente, no soportar ese yugo, ese abuso social que se alimenta de nuestra incapacidad. Pero la culpabilidad siempre nos estará acechando como muerte tras la esquina, en la pesadilla donde el tiempo se paraliza y sólo podemos mirarnos a nosotros mismos, como si fuéramos espejo. Y llorar desconsoladamente, por no haber podido seguir (ni tan si quiera conocer) nuestros propios deseos.
Nos hemos acostumbrado a la imposibilidad, nos han hecho creer que la resignación debe de ser la remesa del día a día; y que adaptarse consiste en sonreir sin motivo para adornar y tapar la negrura. Somos la arruga maliciosa que aparece incluso con maquillaje, el tinte barato que tras el enjuague se desprende.
Anhelo volver a atreverme, a escribir. Aunque, sobre todo, anhelo creer que todas estas energías pueden llegar a servir. Quisiera acabar con esta desesperanza que me consume, y a todos nos paraliza.
Veo momentos de crueldad pasando entre nuestros ojos. Caminando entre nosotros los viandantes, ignorados por una multitud gris y amarga. Son como ese aliento frío y punzante que se encuentra en la culpabilidad, y en la muerte prematura que el médico no puede revertir. En el desaliento de lo que no pudo ser.
Ahí están, los veo.
Recuerdos, miradas, lágrimas... corren tras nuestra como un alma hueca y herrumbrosa que con astucia intentamos olvidar, aunque enlentece nuestros sentimientos, los viola y los hiela.
Siento el hueco en las palabras, siento el miedo en los hechos. Miedo a dejar de reaccionar a la injusticia, y miedo por dejar que la misma nos inunde y no sepamos cómo deshacernos de ella.
Nos hemos acostumbrado a ese vacío de la apatía y el inmovilismo empático. Nos movemos erráticos y con pesadumbre, por más que intentemos llenar de vitalidad nuestros pasos. Pero la carga detrás es más grande que la autocompasión y la mentira. Siempre lo fue.
Nos miro y sólo veo una profunda tristeza autoafligida para acabar con la tristeza exterior. Nos llevamos un peso mayor, una piedra de Sísifo más grande, por tratar de, paradójicamente, no soportar ese yugo, ese abuso social que se alimenta de nuestra incapacidad. Pero la culpabilidad siempre nos estará acechando como muerte tras la esquina, en la pesadilla donde el tiempo se paraliza y sólo podemos mirarnos a nosotros mismos, como si fuéramos espejo. Y llorar desconsoladamente, por no haber podido seguir (ni tan si quiera conocer) nuestros propios deseos.
Nos hemos acostumbrado a la imposibilidad, nos han hecho creer que la resignación debe de ser la remesa del día a día; y que adaptarse consiste en sonreir sin motivo para adornar y tapar la negrura. Somos la arruga maliciosa que aparece incluso con maquillaje, el tinte barato que tras el enjuague se desprende.
Anhelo volver a atreverme, a escribir. Aunque, sobre todo, anhelo creer que todas estas energías pueden llegar a servir. Quisiera acabar con esta desesperanza que me consume, y a todos nos paraliza.
lunes, 29 de octubre de 2018
desconcierto
Me recuerdas al tiempo
a las calles siempre permanentes
a las miradas inequívocas
a la frivolez similar y calor inherente
al dèja vu de las épocas
que te deja sensación de pausa
pero a la vez mirando atrás
girando al pasado
se advierte la suma continua
eres esa espiral de cambio
que tienes que minuciosamente desgranar
para verla florecer
y sólida crecer sin espinas
porque tiene sonidos parecidos
melodía desgastada por los años
pero notas distintas
Te veo y te siento
tan cálido en tu piel como de costumbre
tan inmenso
como la ignorancia de tu belleza
tan suave
que no te distingo de los sueños
hasta que tus manos me desvelan
pero de repente te veo gris
y no sé donde lo he visto antes
pero no es en tus ojos
ni en la fuerza que te envuelve
ni en la paz que me rodea
y un miedo que desconozco
de mis labios se apodera
Me recuerdas al tiempo
porque cuanto más te siento
más conocido te apareces
y menos familiar me haces sentir
viernes, 7 de septiembre de 2018
Valkiria
Mis caricias parecen suspiros
esperando el despertar de tus manos
el brillo de tus ojos
el aroma de lo antiguo
me envuelvo en la sed insaciable
que busca continuamente el regreso
la mirada estancada en la memoria
y unos ingredientes que no hallo
salvo en mis sueños
Soñé que viajaba en tu espalda
al tiempo remoto de la batalla
donde tus labios eran escudos
y los míos eran espadas
y corríamos juntos en la guerra
sabiéndonos pronto en el Valhalla
Porque nuestro amor siempre fue así
lleno de fuerza, de gracia y de rabia
pero no exhausta de odio
sino envuelta en las llamas del deseo
y cuidada por nuestro ansia
y tengo tu luz clavada
entre las estacas y el dolor de tenerte
sucio y mugriento de ceniza
sintiéndome vacía de quererte
y perdida de amarte
esperando el despertar de tus manos
el brillo de tus ojos
el aroma de lo antiguo
me envuelvo en la sed insaciable
que busca continuamente el regreso
la mirada estancada en la memoria
y unos ingredientes que no hallo
salvo en mis sueños
Soñé que viajaba en tu espalda
al tiempo remoto de la batalla
donde tus labios eran escudos
y los míos eran espadas
y corríamos juntos en la guerra
sabiéndonos pronto en el Valhalla
Porque nuestro amor siempre fue así
lleno de fuerza, de gracia y de rabia
pero no exhausta de odio
sino envuelta en las llamas del deseo
y cuidada por nuestro ansia
y tengo tu luz clavada
entre las estacas y el dolor de tenerte
sucio y mugriento de ceniza
sintiéndome vacía de quererte
y perdida de amarte
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