Vivir sin sentir sería un sin sentido

"Sé el cambio que quieres ver en el mundo"


Pequeñas pinceladas literarias de rápido consumo


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Esquirlas de esbozo

A veces despierto más temprano
y miro las huellas de trenes lejanos,
de los pasos que di 
para no perderme en el pasado;
ya sabéis,
para no nadar en círculos vendados, 
ni pincharme en la misma herida,
ni apretar el mismo gatillo
-quién volviera a tus heridas 
si yo no las hiciera-

Y entonces me miro 
y me veo más vieja,
más lejana y más tosca, ciega;
con más arrugas y más raíces
o cicatrices.

Y me imagino mirando un tranvía,
adornado de esquirlas,
alejándose a oscuras
de la memoria de esbozos, 
perdiendo la cordura,
me imagino a mí
despidiendo al amor (o a la guerra),
triste 
y serena, 
dentro de lo estable del sentir.

Y despierto del cuento y vuelvo a las vías,
y vuelvo al espejo,
al reflejo;
pero esta vez no hay trenes,
ni esquirlas,
solo pocos trazos de cordura, 
en un mar que ya no grita nombre
porque no tiene olas,
ni barcos, ni hombres.

Mira cómo se aleja el tren del puerto
olvidándose de él mismo 
y de sus recuerdos,
mírame despidiéndolo,
cuando parte a morir sin amor (y sin guerra).
Mírame vacía,
al borde del abismo 
y despojada de mí,
Mírame llena de hastío
mírame hueca, perdida
y sin sentir,  .

viernes, 7 de octubre de 2016

Incertidumbre

La verdad es que escribo para que un día existas;
para que llegues sin deshacerte,
para que no desaparezcas al abrir los ojos.
Eso es, que existas sin perderte;
sin fisuras del pasado,
sin historias que me hagan dudar
si has vuelto o he retornado;
para que un día despierte y esta incertidumbre
tosca, amarga y febril
al final solo la hubiera soñado,
y estuvieses cerca, caliente, risueño;
y exhausto.
La verdad es que escribo para que un día
me hagas (querer) existir.

miércoles, 3 de agosto de 2016

P

Detrás de las máscaras que forjé
entre tus párpados y los míos,
detrás del horizonte que abría
cada noche entre nosotros
besando otros cuerpos,
callándote si hubiese podido
hasta en el silencio;
quién me iba a ver a mí ahora
con un compás borracho,
y un par de lágrimas antiguas,
abrazando hasta las gotas
que caen de tu aroma;
ese que cuando te das la vuelta
te marca como inolvidable,
centellas que nadie puede apagar;
y que por suerte
(o ya no sé si por desgracia)
hará que no te pueda olvidar.

miércoles, 20 de julio de 2016

Memorias

Tengo la sensación
de que he malgastado demasiado tiempo
en cerrar cremalleras,
y construir pasadizos;
demasiadas veces cerrando la puerta
para no verme los ojos,
me da miedo la imagen del espejo
y mi reflejo en las miradas
porque no me reconozco.

No he tenido el valor
de apreciarme en mis cicatrices
y en mis despojos,
ni he sido capaz de quedarme contigo
porque no sabía qué quedaba de mí,
ni cómo.
Y aún me sigue sorprendiendo
cómo puede ser más fácil,
más natural y automático,
dejar de lamerse las heridas
para caer en el olvido,
y el abandono.

Tengo la sensación
de que ya no me pierdo
para encontrarme,
sino de que me encuentro conmigo:
en cada mano que me acaricia
y me hace daño,
en cada grito revenido
que me pide que despierte
de mi sueño amargo;
de que me encuentro conmigo
para perderme,
para sentirme
un antiguo extraño.

viernes, 8 de julio de 2016

Cerillas

Lo confieso, he firmado poemas sin tinta,
y he besado labios sin ansia,
y he llorado sin ganas,
y dormido sin sueño.
He prometido a Dios y a la luna
que volvería a morder unas caderas
que nunca compusieron mis bailes,
ni descompusieron mis gestos.
Le he jurado al viento
que ya jamás me enamoraría,
cuando sé de sobra que sin morir me muero.
He quemado cartas para olvidarte,
sin saber cómo borrarte de aquí adentro.

Lo confieso, de veras:
he tenido mucho miedo;
porque perderte en el olvido
significa ganar tiempo,
y perder alma;
ganar la dichosa calma,
pero helarme por dentro.

En cambio,
siempre tendré que agradecerte lo debido.
Que fueras poemas con tinta,
y besos con ansia,
y llantos con ganas,
y noches donde caer rendida
con sueño.
Contigo ni a Dios ni a la luna he prometido
morder caderas sin rabia.
No le juré al viento
que no me enamoraría,
llegó demasiado tarde
y me pilló haciéndote el amor
muy lento.
No he quemado cartas para olvidarte
porque el fuego lo dejé en tus sábanas,
y en tu cuerpo.

Y ahora que no estás
el recuerdo me pesa, me angustia,
me quema, me araña, me lleva, me aplasta;
pero sólo si alguna vez te fijaras
en el tinte de las miradas
con las que leo tus cartas,
y te pienso desnuda;
en la sonrisa apacible
que se aparece cuando acepto que te perdí;
en cómo cierro la ventana
porque no espero que la brisa te traiga.
Sabrás
que soy una hoguera en llamas,
y que necesito que me prendan fuego;
y tú has sido de esas cerillas
que no rechazaré,
que no importan las cenizas de después:
no rehusaré tu recuerdo.

                                        

viernes, 24 de junio de 2016

Soledades en galerías

Recórreme estas soledades y galerías que tengo incrustadas con la lengua. Borra el camino con saliva, que mis lágrimas no sirven para limpiarme los escombros.
Quiero que seas mi escoba personal, esa que sirve para recoger y para hacerme volar como una bruja. Que no me importa dar miedo si es por amor intenso, por brillos en la lengua o pupilas dilatadas.
Que no me importa la desdicha si las galerías esconden tu nombre al final de la sala.

lunes, 20 de junio de 2016

Despertar(te) y dormir(me)

No hay soledades que no las grite el viento,
que no las arrastre el polvo
con el que se pintan las dunas,
en este desierto que se vuelve la vida
cuando cruzas la puerta del desamparo,
cuando disgregas demasiado el jugo
que cosquillean tus manos,
cuando tienes demasiadas respuestas
o demasiadas preguntas
para tanto invierno
y tan poco verano.

No hay soledades que no se escondan
en la cárcel que pintan esas pestañas,
esa pena que sólo esconden las cartas
que entre rejas van dibujando
los contornos que aman;
esas pestañas por las que veo
las cortinas que tengo que destapar
para empezar la mañana.

No hay soledades que no se encierren
en mis adentros sombríos,
llenos de calles desiertas
y de besos podridos;
siempre lo digo,
que soy un diptongo sin ritmo,
o un hiato sin acento,
que tengo dentro del aliento
tus notas sin compás
y tus canciones sin brío.