Mis caricias parecen suspiros
esperando el despertar de tus manos
el brillo de tus ojos
el aroma de lo antiguo
me envuelvo en la sed insaciable
que busca continuamente el regreso
la mirada estancada en la memoria
y unos ingredientes que no hallo
salvo en mis sueños
Soñé que viajaba en tu espalda
al tiempo remoto de la batalla
donde tus labios eran escudos
y los míos eran espadas
y corríamos juntos en la guerra
sabiéndonos pronto en el Valhalla
Porque nuestro amor siempre fue así
lleno de fuerza, de gracia y de rabia
pero no exhausta de odio
sino envuelta en las llamas del deseo
y cuidada por nuestro ansia
y tengo tu luz clavada
entre las estacas y el dolor de tenerte
sucio y mugriento de ceniza
sintiéndome vacía de quererte
y perdida de amarte
Vivir sin sentir sería un sin sentido
"Sé el cambio que quieres ver en el mundo"
Pequeñas pinceladas literarias de rápido consumo
viernes, 7 de septiembre de 2018
lunes, 16 de julio de 2018
Eliaga
Y no será el amor
las notas de tu voz en mi interior,
el despertar de la magia
que ya no sé si emana de mi,
o de tu viva gracia.
No es amor lo que leí,
lo que me hicieron creer;
el ayer se torna lejano, confuso,
ahora sé que no tengo elección,
no me rendiré sin tener
los pájaros de tu cabeza
en mi corazón,
no me rendiré sin sentir
que pude verte una vez más,
y quitarme los velos,
y quedarme sin respiración.
Dicen que la música pertenece
a quien la lleva en la sangre,
en las venas;
yo digo que mis manos
solo saben tocar la melodía
que llevas en los ojos
y cantas con los labios.
martes, 23 de enero de 2018
Luces
Aun con miedo de asustarte,
miedo de ver el miedo:
reflejo punzante de mis pupilas,
miedo de ver a la intensidad callarte,
miedo de ser demasiado yo
contigo y conmigo,
de que mis cicatrices te sangren
al ser de ellas irremediable
y casual testigo.
Aun con la terrible certeza
de no ver todos tus atardeceres,
ni ser responsable ni fruto
de tus mañanas
y continuos suspiros:
amaneceres,
de tus sueños al cerrar los ojos,
del soñar despierto de tus libros,
de la luz de tu risa en los míos,
de la eléctrica sensación de tus besos
rozando el desequilibrio.
Porque es eso lo que irremediable
e ineroxable
tiene esta locura de quererte;
son tus acciones cotidianas,
tus noches en vela,
el calor de tus sábanas por la mañana,
tus pequeños vicios,
los míos distintos en consonancia,
la sutil y radiante energía
de tus deseos,
el rancio hedor y vacío
de tus desiertos,
es que hasta la música se hace mejor
con tus silencios.
Y no le escribo a iluminados
ni a tortuosos demonios,
a bienaventurados dioses;
no necesito complejas metáforas
ni la exaltación de la mentira,
ni si quiera cuentos de hadas,
me conformo con el arte
que tenemos al tocarnos,
que tenemos al mirarnos,
que tenemos al ser libres
juntos y por separado,
que tenemos al no necesitarnos
pero elegirnos a toda costa.
Me conformo con la eternidad
del segundo en tu espalda.
miedo de ver el miedo:
reflejo punzante de mis pupilas,
miedo de ver a la intensidad callarte,
miedo de ser demasiado yo
contigo y conmigo,
de que mis cicatrices te sangren
al ser de ellas irremediable
y casual testigo.
Aun con la terrible certeza
de no ver todos tus atardeceres,
ni ser responsable ni fruto
de tus mañanas
y continuos suspiros:
amaneceres,
de tus sueños al cerrar los ojos,
del soñar despierto de tus libros,
de la luz de tu risa en los míos,
de la eléctrica sensación de tus besos
rozando el desequilibrio.
Porque es eso lo que irremediable
e ineroxable
tiene esta locura de quererte;
son tus acciones cotidianas,
tus noches en vela,
el calor de tus sábanas por la mañana,
tus pequeños vicios,
los míos distintos en consonancia,
la sutil y radiante energía
de tus deseos,
el rancio hedor y vacío
de tus desiertos,
es que hasta la música se hace mejor
con tus silencios.
Y no le escribo a iluminados
ni a tortuosos demonios,
a bienaventurados dioses;
no necesito complejas metáforas
ni la exaltación de la mentira,
ni si quiera cuentos de hadas,
me conformo con el arte
que tenemos al tocarnos,
que tenemos al mirarnos,
que tenemos al ser libres
juntos y por separado,
que tenemos al no necesitarnos
pero elegirnos a toda costa.
Me conformo con la eternidad
del segundo en tu espalda.
viernes, 12 de enero de 2018
soledad
Qué duro se vuelven tus ojos cuando te clavan la mirada
dentro de las costillas, te miran fijamente
te ven
qué duro ir negando lo indecible
lo irremediable
y recorrer angostas calles por estar perdida
qué duro no saber reconocerse
porque un día dibujaste en el espejo
un retrato de viejos y angostos fantasmas
de enterrados deseos
ese retrato que te hiciste como recordatorio
y que reinterpretaste como tu semblante
qué duro
qué amargo huir(te) del vacío y de lo lleno
uno por lo oscuro, lo otro por la luz
uno por el miedo, otro por chocar
con tus cristales,
parar a mirarte y (a)sentirte completa
qué difícil vivirse sin conocerse
qué difícil conocerse sin perdonarse
dentro de las costillas, te miran fijamente
te ven
qué duro ir negando lo indecible
lo irremediable
y recorrer angostas calles por estar perdida
qué duro no saber reconocerse
porque un día dibujaste en el espejo
un retrato de viejos y angostos fantasmas
de enterrados deseos
ese retrato que te hiciste como recordatorio
y que reinterpretaste como tu semblante
qué duro
qué amargo huir(te) del vacío y de lo lleno
uno por lo oscuro, lo otro por la luz
uno por el miedo, otro por chocar
con tus cristales,
parar a mirarte y (a)sentirte completa
qué difícil vivirse sin conocerse
qué difícil conocerse sin perdonarse
lunes, 11 de diciembre de 2017
fuerza de contrarios
La continua paradoja
de querer ser ave de paso
brisa fugaz del norte
y absurdo presagio que nos persigue;
mientras somos imperecederos
espíritus arraigados
de peso, anclas del alma
ser luz que ilumine
base sobre lo que se construye
inmortal
como el primer recuerdo
que nos conforma
y de repente nos deduce
La continua paradoja
de querer ser exacta
concreta, delimitada
irremediablemente formal
ciencia, objeto, lógica
no ser de dudas, de miedos;
mientras somos luces
esquelas, lágrimas de herrumbre
sonrisas de hiena
odio y beso de la moneda
emoción incrustada
abismo al que mirar
de querer ser ave de paso
brisa fugaz del norte
y absurdo presagio que nos persigue;
mientras somos imperecederos
espíritus arraigados
de peso, anclas del alma
ser luz que ilumine
base sobre lo que se construye
inmortal
como el primer recuerdo
que nos conforma
y de repente nos deduce
La continua paradoja
de querer ser exacta
concreta, delimitada
irremediablemente formal
ciencia, objeto, lógica
no ser de dudas, de miedos;
mientras somos luces
esquelas, lágrimas de herrumbre
sonrisas de hiena
odio y beso de la moneda
emoción incrustada
abismo al que mirar
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