He estado perdida. Despojada de mí misma. Arrancada de mis vicios, de mi esencia incandescente, de mi interna furia arrasadora. He roto el velo turbio, he conseguido evaporar las lágrimas empantanadas, fundir los espejismos refulgentes.
La cueva era fría. Sus rugidos ensordecedores se revolvían divertidos en los oídos, sus piedras angulares y rugosas se clavaban en las vísceras más delicadas. Pero lo que más dolor, lo que más hunde en la miseria más tangible, era que la cueva era fría... y solitaria. Y en ese trance de extraña enajenación, de sombríos y hábiles pinchazos; una vieja fuerza vital vuelve a dejar hueco, a acomodarse en mis mullidas ideas, a resurgir como ave Fénix con sus llameantes alas de fuego.
Es la inseguridad un tortuoso vaivén, es la desconfianza un amargo llanto; un regusto a agridulce que se instala punzante en la nuca. Es el no creer, no ver, no palpar, no conocer, no conocerte. No saber qué es, que será, qué ha sido; quién eres, quién has dejado de ser. ¿Te mostraste acongojada tal y como escribe la profundidad de tu alma? ¿Cambiaste? ¿Era lo anterior una ensoñación idílica, una mentira en las garras de mi ilusoria desesperanza?
Pero son la fuerza y el derrotismo dos seres en continua guerra, al igual que nosotros no sólo somos lo que surge y florece de nuestras semillas; sino también somos regadera, somos el tinte de la flor, somos deseo y cambio. Que la flor está predeterminada, pero que el color puede variar, la orientación es relativa, y nosotros solos debemos asumir la voluntad de acabar como realmente nos queremos encontrar. Como somos de verdad. ¿Nos atrevemos a mirarnos al espejo?
Vivir sin sentir sería un sin sentido
"Sé el cambio que quieres ver en el mundo"
Pequeñas pinceladas literarias de rápido consumo
jueves, 28 de agosto de 2014
domingo, 3 de agosto de 2014
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Y al levantar la mirada vi la muerte tatuada en su alma, escondida en una de las esquinas de frágil marfil que conformaban su espíritu.
(probable pensamiento de aquel que me vea leyendo a Relimpio Astolfi)
lunes, 28 de julio de 2014
Y no se me olvida que no puedo olvidarte
De alguna forma, los chopos tímidos del parque bajo tu casa han perdido el color, y al mismo tiempo son tan rojos como si la sangre recorriese sus venas inexistentes. Desde hace un tiempo que no me aventuro a medir, el olor de los libros viejos que recorren nuestras manos y nuestra súbita ilusión se hace más palpable, más embriagador, más soñador; y luego se tuerce en el abismo de la indiferencia, en el más neutro vacío. Tú; ser de lluvia, amado de los amantes más exigentes, representación más ferviente de lo perturbador, nuevo y violento hedonismo. Tú, anhelo creciente, rey de los deseos más embriagadores, límite y libertad, principio y fin de mi revoltoso y travieso corazón. ¿Qué ocurriría si alguna vez lograras comprender cómo soy capaz de alimentar mi juguetón y despierto espíritu, y sumirme en la más onda y trágica desesperanza con tan solo rozarte? ¿Cómo entender que son tus labios lo único que conserva esa emoción, ese calor, esa fuerza que nos otorga la vida, arrancándole a todo lo que nos rodea su esencia, sus rasgos más tangibles; a la vez que pintan un mundo innovador, lleno de matices singulares, de sensaciones inimaginables, que alimenta mi burda y voraz curiosidad? Tan ilustrado como una flor que se peina con la brisa, tan natural como el trémulo suspiro y la sincera sonrisa al terminar la última hoja de tu cuento favorito. Tú, alma mortífera, alma destructora; creador de los cimientos de mi castillo de cristal; ámame, agárrame, aráñame, succióname el aliento a besos desgarradores. Déjame experimentar el verdadero placer de existir, déjame experimentarte.
viernes, 25 de julio de 2014
Sólo es un extraño y melancólico día más de derrochar.
Observo las luces tenues del crepúsculo, agotando su último instante de vida, resignadas a morir bajo el yugo de la noche. Guardo la imagen en un profundo recoveco de mi mente, y sólo con el recuerdo es con lo que te escribo. Porque el recuerdo a veces es más tangible, a veces parece que somos más conscientes, que aceptamos mejor la llegada de la memoria que la percepción instantánea de un momento determinado. Y es con la imagen en mi entereza, su mutabilidad en lo más interno de mi creatividad y anhelo, con lo que sangro lo que escribo.
Las luces se apagan, se marchitan. Están escondidas, puedo advertir su grácil y sutil travesura bajo un manto de estrellas que las encierra. Quién sabe si éstas serán precisamente recuerdos inmortalizados de imágenes. Recuerdos, siempre tan brillantes, siempre destacando; alumbrando la ceguera en la que nos sume el desamparo de la oscuridad.
Las luces se apagan, se marchitan. Están escondidas, puedo advertir su grácil y sutil travesura bajo un manto de estrellas que las encierra. Quién sabe si éstas serán precisamente recuerdos inmortalizados de imágenes. Recuerdos, siempre tan brillantes, siempre destacando; alumbrando la ceguera en la que nos sume el desamparo de la oscuridad.
domingo, 29 de junio de 2014
Prioridades
"No sabes vivir" me achacan, atacando a mi espíritu hambriento. "No conoces las reglas de la vida, no triunfarás" afirman, mientras desgastan su existencia entre nimias lágrimas e insulsas contrariedades. ¿Cómo osáis, como si quiera pretendéis, decirme tal sarta de absurdas ideas, cuando ya no sabéis, no recordáis, apreciar el nacimiento de una tímida flor, o el atardecer más ensoñador? Vagar por el mundo es la acción más sencilla que hace todo más complejo, más sombrío. Vivir es algo mucho más completo, más extasiante, más imponente y trascendente. Y aquí por escrito, y con mi sangre como garante, prometo intentar recordar esto a lo largo de todo mi tiempo vital que pueda apreciar.
martes, 24 de junio de 2014
¿La libertad como arma esperanzadora? Como método para reflexionar, sin duda.
La libertad es curiosa. La idea del suicidio es necesaria para
preservar nuestra libertad; para
asegurarnos de que, en nuestra condición de seres libres, podemos acabar cuando
queramos con nuestra vida. Esa libertad, en cambio, nos da fuerza para seguir
viviendo; necesitamos sentir ese libertinaje para continuar caminando. Pero,
¿Por qué esa necesidad de libertad? Si fuésemos más estrictos, podríamos
aceptar que sólo nos suicidaríamos si nuestras circunstancias fuesen lo
suficientemente dolorosas para no ser soportables, y por tanto dependemos de
nuestro ambiente, restringiendo tal afirmación nuestro deseo de libertad. Si nos
suicidáramos para demostrar que somos libres, dependemos de esa "idea de
libertad". ¿Tal vez lo que coarte la libertad sea el objetivo, la causa, el
hacer algo “para” o “por”? ¿Cómo hacer algo neutro? ¿Suicidarse porque sí? ¿No
se requiere para eso la ausencia de razón, de conciencia? ¿Somos capaces de
usar la conciencia para algo neutro? Cuando algo se adhiere a nuestro entramado
de conexiones, a nuestra estructura mental; definitivamente deja de ser neutro;
porque sólo razonaríamos algo, sólo invertiríamos
nuestro tiempo en algo de valor para nosotros, por muy nimio que fuese.
Tal vez esa necesidad de libertad tenga su causa en la
búsqueda de una nueva forma de vivir que no conlleve vacío y desazón. No
podemos vivir sin condicionantes, para poder gozar de ciertas libertades
debemos restringir otras. El mero hecho de estar viviendo supone una
subordinación al cambio continuo de la vida, a la adaptación y superación de
obstáculos. ¿No será que buscamos una nueva forma de existir (sin condiciones)
porque sentimos que es la solución a nuestros problemas más internos? ¿Si no
hemos encontrado esa irrevocable felicidad en un mundo como este, por qué no en
uno completamente distinto? ¿No es la libertad una esperanza?
Si llegáramos a conocerlo todo, y a solucionarlo todo; ese
se volvería el mayor de nuestros obstáculos. Necesitamos arreglar. Necesitamos
mejorar. Lo estático consume, apaga.
Parafraseando a Buda.
Yo defiendo el dolor, no el sufrimiento; entendiendo
sufrimiento como la disposición a permanecer con una situación desagradable (el
dolor es desagradable) sin intentar mejorar, sin intentar evitarlo. El dolor es
lícito y necesario siempre y cuando te lleve a valorar aún más la vida. El
sufrimiento es el ahogamiento de la fuerza vital, y el arrastrarlo supone el
estrangulamiento de la propia emoción, del propio dolor; proporcionando un
hastío que consume hasta al más fuerte de los mortales.
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