Vivir sin sentir sería un sin sentido

"Sé el cambio que quieres ver en el mundo"


Pequeñas pinceladas literarias de rápido consumo


martes, 16 de septiembre de 2014

Qué.

Esa lágrima traviesa que engendra un nuevo día, un nuevo horizonte. Ese estar en una nube criofijada, en una sonrisa disimulada, en una mirada que revuelve las mejillas. Ese vaso de agua fría que cae como en un ensueño, en el cabello, en la rotura de unos sueños ya marchitos. Ese impulso que la tierra nos otorga, ese caminar que el sol ilumina con la envergadura y la sencillez de una caricia, la brisa que alberga un otoño voraz.
Ese sentir tan insano, tan vivo, tan penetrante, tan doloroso. Tan añorado.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Balanza

Y todo parecía perecer. Y el corcel se despegaba de mi, se debilitaba su pegamento en mi piel; agitaba sus alas, escapaba de su mullido nido, del corazón que se agrietaba ignorando las manecillas del reloj. Y los segundos seguían trascurriendo, y él ya se había alejado, ya se encontraba entre tus brazos, entre tus ropajes raídos, entre tus vigorosos abrazos de amargura.
Y tu mirada era un espejo. Éramos vacío, éramos oscuridad, éramos noche sin luna, lamentos de muerte prematura.
Y me sorprendió tu leve asentimiento, tu sutil forma de abandonar mi suave Pegaso. Tu vista lo fijaba, pero tu mente lo aniquilaba sin piedad alguna, sin demora.
Y por alguna extraña razón, el halo de tu alma, de tu especial y propio corcel; me alumbró la entereza, arropó mis harapos restantes. Y supe. Supe que el intercambio equivalente existía, y que residía en nuestros escondites más sinuosos. Y supe que me alumbrarías, que tu Pegaso personal me haría llegar esa fuente insaciable de calidez que a veces resulta casi inverosímil, y que me harías volar hacia lugares que nunca fuesen inhóspitos. Aquellos en los que te encontraras.

jueves, 28 de agosto de 2014

Dime quién eres.

He estado perdida. Despojada de mí misma. Arrancada de mis vicios, de mi esencia incandescente, de mi interna furia arrasadora. He roto el velo turbio, he conseguido evaporar las lágrimas empantanadas, fundir los espejismos refulgentes.
La cueva era fría. Sus rugidos ensordecedores se revolvían divertidos en los oídos, sus piedras angulares y rugosas se clavaban en las vísceras más delicadas. Pero lo que más dolor, lo que más hunde en la miseria más tangible, era que la cueva era fría... y solitaria. Y en ese trance de extraña enajenación, de sombríos y hábiles pinchazos; una vieja fuerza vital vuelve a dejar hueco, a acomodarse en mis mullidas ideas, a resurgir como ave Fénix con sus llameantes alas de fuego.
Es la inseguridad un tortuoso vaivén, es la desconfianza un amargo llanto; un regusto a agridulce que se instala punzante en la nuca. Es el no creer, no ver, no palpar, no conocer, no conocerte. No saber qué es, que será, qué ha sido; quién eres, quién has dejado de ser. ¿Te mostraste acongojada tal y como escribe la profundidad de tu alma? ¿Cambiaste? ¿Era lo anterior una ensoñación idílica, una mentira en las garras de mi ilusoria desesperanza?
Pero son la fuerza y el derrotismo dos seres en continua guerra, al igual que nosotros no sólo somos lo que surge y florece de nuestras semillas; sino también somos regadera, somos el tinte de la flor, somos deseo y cambio. Que la flor está predeterminada, pero que el color puede variar, la orientación es relativa, y nosotros solos debemos asumir la voluntad de acabar como realmente nos queremos encontrar. Como somos de verdad. ¿Nos atrevemos a mirarnos al espejo?

domingo, 3 de agosto de 2014

-

Y al levantar la mirada vi la muerte tatuada en su alma, escondida en una de las esquinas de frágil marfil que conformaban su espíritu. 

(probable pensamiento de aquel que me vea leyendo a Relimpio Astolfi)

lunes, 28 de julio de 2014

Y no se me olvida que no puedo olvidarte

De alguna forma, los chopos tímidos del parque bajo tu casa han perdido el color, y al mismo tiempo son tan rojos como si la sangre recorriese sus venas inexistentes. Desde hace un tiempo que no me aventuro a medir, el olor de los libros viejos que recorren nuestras manos y nuestra súbita ilusión se hace más palpable, más embriagador, más soñador; y luego se tuerce en el abismo de la indiferencia, en el más neutro vacío. Tú; ser de lluvia, amado de los amantes más exigentes, representación más ferviente de lo perturbador, nuevo y violento hedonismo. Tú, anhelo creciente, rey de los deseos más embriagadores, límite y libertad, principio y fin de mi revoltoso y travieso corazón. ¿Qué ocurriría si alguna vez lograras comprender cómo soy capaz de alimentar mi juguetón y despierto espíritu, y sumirme en la más onda y trágica desesperanza con tan solo rozarte? ¿Cómo entender que son tus labios lo único que conserva esa emoción, ese calor, esa fuerza que nos otorga la vida, arrancándole a todo lo que nos rodea su esencia, sus rasgos más tangibles; a la vez que pintan un mundo innovador, lleno de matices singulares, de sensaciones inimaginables, que alimenta mi burda y voraz curiosidad? Tan ilustrado como una flor que se peina con la brisa, tan natural como el trémulo suspiro y la sincera sonrisa al terminar la última hoja de tu cuento favorito. Tú, alma mortífera, alma destructora; creador de los cimientos de mi castillo de cristal; ámame, agárrame, aráñame, succióname el aliento a besos desgarradores. Déjame experimentar el verdadero placer de existir, déjame experimentarte.

viernes, 25 de julio de 2014

Sólo es un extraño y melancólico día más de derrochar.

Observo las luces tenues del crepúsculo, agotando su último instante de vida, resignadas a morir bajo el yugo de la noche. Guardo la imagen en un profundo recoveco de mi mente, y sólo con el recuerdo es con lo que te escribo. Porque el recuerdo a veces es más tangible, a veces parece que somos más conscientes, que aceptamos mejor la llegada de la memoria que la percepción instantánea de un momento determinado. Y es con la imagen en mi entereza, su mutabilidad en lo más interno de mi creatividad y anhelo, con lo que sangro lo que escribo.
Las luces se apagan, se marchitan. Están escondidas, puedo advertir su grácil y sutil travesura bajo un manto de estrellas que las encierra. Quién sabe si éstas serán precisamente recuerdos inmortalizados de imágenes. Recuerdos, siempre tan brillantes, siempre destacando; alumbrando la ceguera en la que nos sume el desamparo de la oscuridad.

domingo, 29 de junio de 2014

Prioridades

"No sabes vivir" me achacan, atacando a mi espíritu hambriento. "No conoces las reglas de la vida, no triunfarás" afirman, mientras desgastan su existencia entre nimias lágrimas e insulsas contrariedades. ¿Cómo osáis, como si quiera pretendéis, decirme tal sarta de absurdas ideas, cuando ya no sabéis, no recordáis, apreciar el nacimiento de una tímida flor, o el atardecer más ensoñador? Vagar por el mundo es la acción más sencilla que hace todo más complejo, más sombrío. Vivir es algo mucho más completo, más extasiante, más imponente y trascendente. Y aquí por escrito, y con mi sangre como garante, prometo intentar recordar esto a lo largo de todo mi tiempo vital que pueda apreciar.